Saltar al contenido

InicioLecturas selectas

Filosofía y ética

Darnos tiempo para pensar

Una lectura de Ortega y Gasset sobre el ensimismamiento y la posibilidad de formar un criterio propio ante el ruido del entorno digital.

Por Daniel Pérez Valencia · 27 de octubre de 2026 · Lectura recomendada

Silueta hombre de pie cerca del agua
Lukas Rychvalsky en Unsplash.

En el escenario digital es recurrente que leamos una noticia y sintamos el impulso de compartirla; que cuando una afirmación nos indigna busquemos la manera de responder antes de averiguar de dónde proviene. En esas pequeñas escenas se juega una pregunta por nuestra autonomía. ¿Cuánto de lo que decimos ha pasado por una reflexión propia?

En “Del ensimismamiento al acto personalizante”, publicado en la revista Escritos en 2019, José Raúl Ramírez Valencia explora esta inquietud desde la filosofía de José Ortega y Gasset. La palabra ensimismamiento puede parecer extraña, sin embargo, puede entenderse como la capacidad de tomar distancia de las exigencias y el ruido del entorno para habitar la propia intimidad. Allí podemos examinar lo que creemos y darle una orientación a nuestra vida.

En el habla cotidiana, alguien ensimismado puede parecer distraído o ajeno a cuanto sucede. En el sentido filosófico que desarrolla el artículo, ese recogimiento permite elaborar una comprensión de lo vivido. Quien se concede tiempo para pensar puede regresar a sus circunstancias con un criterio que ha hecho suyo. El movimiento se completa en ese regreso.

Ortega llama alteración a la existencia volcada hacia lo que ocurre fuera de nosotros. La atención queda a merced de las demandas del entorno y la vida adquiere el ritmo de una respuesta continua. Ramírez Valencia encuentra en esta categoría una clave para interpretar la circulación de las opiniones en las redes sociales. Podemos participar en muchas conversaciones sin detenernos a examinar las convicciones desde las cuales intervenimos.

La inquietud alcanza también nuestras decisiones cotidianas. A veces adoptamos una aspiración porque recibe reconocimiento o sostenemos una opinión porque resulta familiar dentro del grupo al que pertenecemos. Llegamos a sentir esas elecciones como propias. Preguntarnos por su procedencia exige una pausa que puede resultar incómoda.

Uno de los aportes del artículo consiste en vincular el ensimismamiento con la vocación. En esta lectura, la vocación concierne al proyecto de vida que cada persona está llamada a realizar. Una elección profesional forma parte de ese horizonte, cuyo alcance compromete la manera de vivir. Descubrirlo requiere examinar qué merece nuestro tiempo y qué responsabilidades estamos dispuestos a asumir.

A partir de su interpretación de Ortega, Ramírez Valencia propone la expresión “acto personalizante” para nombrar una acción cuyo sentido comprende y asume quien la realiza. Esta idea lleva la reflexión al terreno de la responsabilidad. ¿Podemos responder por nuestras decisiones cuando apenas hemos considerado las razones que las sostienen?

La propuesta deja abierta una pregunta por los límites del recogimiento, pues al examinar nuestras convicciones podemos seguir presos de los supuestos con los que hemos aprendido a mirar. Esto ocurre cuando atribuimos la decisión de alguien a la falta de voluntad, hasta que escuchamos su historia y conocemos las dificultades que enfrentaba. Ese encuentro nos obliga a revisar el juicio que habíamos formado y las razones que nos parecían suficientes para sostenerlo.

Darnos tiempo para pensar puede cambiar la manera en que participamos en las conversaciones y decidimos sobre nuestra vida. Hay preguntas que necesitan acompañarnos durante un tiempo antes de encontrar una respuesta. La próxima vez que una noticia nos impulse a reaccionar, quizá podamos detenernos unos minutos. ¿Qué pensamos de lo que acabamos de leer? ¿De dónde nace nuestra primera reacción? En esa pausa comenzamos a reconocer cuánto de nosotros hay en lo que decimos.

Compartir

Seguir leyendo

Volver a las lecturas