En el primer semestre de 2024, cuando ChatGPT comenzaba a incorporarse a las rutinas universitarias, una encuesta a 381 estudiantes de una universidad colombiana permitió observar sus prácticas de uso y explorar cómo percibían los límites de la herramienta. En la investigación, en la que participé junto con Federico Vásquez Cardona y Valentina Carmona García, esa doble mirada sigue siendo pertinente. En educación, la disponibilidad de una respuesta rápida cambia el trabajo intelectual que una tarea propone.
Los datos muestran una incorporación concreta. El 66,4 % dijo usar ChatGPT para generar ideas y el 55,1 % para escribir o traducir textos académicos. El 60,4 % señaló que había permitido que la herramienta completara partes de una tarea. Además, el 17,1 % afirmó que ChatGPT había realizado por completo al menos una de sus cuatro asignaciones más recientes. Estas cifras describen prácticas distintas. Buscar una idea, revisar una redacción y delegar una tarea tienen efectos diferentes sobre el aprendizaje; por eso conviene evitar que la conversación sobre inteligencia artificial reduzca todos los usos a una sola categoría.
Hay un dato que vale la pena mirar con cuidado. Solo 29 de los 381 estudiantes (7,6 %) habían recibido capacitación sobre ChatGPT. De ellos, el 82,8 % dijo haber encontrado respuestas incoherentes o fuera de contexto. Entre quienes no habían recibido capacitación, el 63 % también dijo haber encontrado respuestas de ese tipo. El estudio muestra una relación entre la formación y el reporte de esas respuestas. Como los datos se recogieron en un único momento y el grupo capacitado era pequeño, no permiten saber si la formación produjo esa diferencia. También es posible que quienes ya examinaban con cuidado las respuestas buscaran capacitarse. Queda abierta la pregunta por el papel de la formación al evaluar lo que ofrece la herramienta.
Esa pregunta dirige la atención hacia las condiciones de uso. Las universidades pueden establecer reglas y ofrecer formación para que cada estudiante contraste las respuestas y decida qué puede incorporar a su trabajo. En nuestro estudio, los hombres reportaron con mayor frecuencia haber tomado cursos; las mujeres expresaron más preocupación por los riesgos académicos. El diseño no identifica las causas de esa diferencia. Leerla como una diferencia de capacidades o actitudes sería apresurado. El dato invita a preguntar quién encuentra oportunidades de formación y cómo se ofrecen.
Como coautor, me interesa que los resultados se lean con el alcance que tienen. La encuesta se aplicó en una institución, mediante muestreo en bola de nieve, y reunió principalmente estudiantes de Medicina. Su valor está en ofrecer una imagen situada de prácticas que suelen discutirse desde impresiones o temores. También abre preguntas para estudios posteriores que sigan los cambios en el tiempo y exploren qué formas de enseñanza ayudan a los estudiantes a evaluar mejor las respuestas de los modelos.
La Inteligencia Artifical Generativa puede apoyar una búsqueda o abrir una ruta de trabajo. La tarea formativa consiste en que el estudiante conserve la responsabilidad de comprender y revisar lo que entrega. La pregunta que permanece es qué aprende quien trabaja con la herramienta y cómo desarrolla criterio para evaluar sus respuestas.
