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Ética digital · Inteligencia Artificial

Un clic también es una decisión

A un clic podemos visitar un museo, aprender algo nuevo o compartir una información que afecte a otra persona. ¿Cómo aprovechar las posibilidades del mundo digital con criterio y atención a las consecuencias de lo que hacemos?

Por Daniel Pérez Valencia · 2 de noviembre de 2026 · 6 min de lectura

Persona contemplando una pintura en museo
Foto de mia rauffer en Unsplash

Desde una mesa de nuestra casa podemos recorrer las salas de un museo que está al otro lado del océano. Nos detenemos ante una pintura, ampliamos un detalle y buscamos la historia de quienes aparecen en ella. Tal vez esa curiosidad nos lleve a un libro que desconocíamos. El viaje comenzó con un clic y puede continuar durante semanas, si encontramos en aquella imagen una pregunta que merece nuestra atención.

La posibilidad de iniciar ese recorrido desde casa dice mucho de lo que ofrece el ciberespacio. Una conexión permite acceder a recursos que antes exigían un viaje o resultaban difíciles de conseguir. Quien desea crear una página web puede comenzar con tutoriales gratuitos y practicar con su propio proyecto. Alguien que vive lejos de una biblioteca puede consultar parte de sus colecciones digitales. Contar con esos recursos abre una oportunidad cuyo valor se descubre al utilizarlos.

También podemos reconocerlo en una videollamada con una persona que vive lejos. La pantalla permite compartir una parte del día y sostener una cercanía que la distancia hace difícil. En una tienda digital, un pequeño emprendimiento encuentra la posibilidad de ofrecer sus productos fuera de su ciudad. Aunque estas experiencias responden a necesidades distintas, en ellas hay personas que aprovechan una herramienta para realizar algo que les importa.

Esa relación entre las posibilidades disponibles y los propósitos que orientan su uso merece una mirada más atenta. Al abrir una aplicación quizá tengamos claro qué buscamos. Otras veces entramos por costumbre y seguimos los contenidos que aparecen, hasta descubrir que pasó una hora y dejamos pendiente algo que queríamos hacer. El entretenimiento puede ser una forma de descanso. La inquietud surge cuando nos cuesta reconocer si elegimos ese tiempo o si fuimos prolongándolo sin advertirlo.

Las redes sociales hacen visible esta tensión. Podríamos imaginar el ciberespacio como un edificio en el que uno de los apartamentos celebra una fiesta permanente. Su música atrae nuestra atención y puede hacernos olvidar que hay otras puertas abiertas. En alguna habitación se consulta un archivo; en otra, alguien aprende a resolver una dificultad. La imagen ayuda a recordar la diversidad de un entorno que a veces terminamos recorriendo por los mismos pasillos.

Elegir dónde detenernos requiere algo más que conocer la oferta. Guardar un libro deja pendiente su lectura; encontrar un tutorial requiere que después dediquemos tiempo a seguirlo y practicar. Podemos reunir materiales durante meses sin concederles el tiempo que necesitan. Cuando seguimos una explicación y ponemos a prueba sus indicaciones, comenzamos a descubrir qué comprendimos. La oportunidad adquiere entonces un lugar en nuestra experiencia y puede convertirse en una capacidad que conservamos.

Aquí aparece una pregunta ética. ¿A qué queremos dedicar las posibilidades que tenemos al alcance? Cada uso ocupa un tiempo y desplaza otras actividades. Reservar una hora para aprender algo que deseamos conocer expresa una elección sobre la vida que queremos llevar. También la expresa dejar el teléfono a un lado para escuchar a quien está con nosotros. Son decisiones pequeñas en las que vamos dando un lugar a lo que consideramos valioso.

Nuestra participación en la red afecta, además, a personas que pueden estar lejos de nosotros. Al compartir una noticia cuya procedencia desconocemos, la acercamos a lectores que quizá confían en ella porque la enviamos nosotros. Les prestamos algo de nuestra credibilidad. El gesto toma unos segundos y puede influir en una opinión o dar fuerza a una acusación que todavía carece de pruebas.

El Informe de riesgos globales 2026, del Foro Económico Mundial, destaca la desinformación y la ciberinseguridad, junto con los posibles efectos adversos de la inteligencia artificial. Este panorama sitúa nuestras acciones dentro de problemas que también comprometen a las empresas y a las instituciones. La protección de los datos depende de las condiciones de los servicios que utilizamos. La confianza en la información requiere que quienes la producen y distribuyen respondan por sus prácticas. Como usuarios participamos de ese entorno y tenemos responsabilidades sobre aquello que hacemos circular.

Una fotografía permite reconocer el alcance de esa participación. Puede registrar un recuerdo que deseamos compartir y revelar, al mismo tiempo, una situación que otra persona quiere mantener en privado. Si alguien la descarga y la publica en otra cuenta, retirarla de la nuestra puede resultar insuficiente para detener su difusión. Preguntar antes de publicarla concede a quien aparece en ella la posibilidad de decidir sobre su exposición.

La pregunta por lo valioso incorpora así la presencia del otro. Importa lo que esperamos obtener de una acción y lo que esa acción puede significar para alguien más. En una conversación digital desconocemos parte de las circunstancias de quien nos lee. Un comentario que escribimos con ligereza puede llegar en un momento difícil. Esa distancia exige cuidado al elegir las palabras, sobre todo cuando la discusión invita a responder antes de comprender.

Con los asistentes de inteligencia artificial, la elección alcanza también la forma en que elaboramos nuestras decisiones. Podemos consultar uno para comparar dos productos o preparar una respuesta a un mensaje delicado. Sus sugerencias pueden ayudarnos a considerar algo que habíamos pasado por alto. Para utilizarlas necesitamos valorar si corresponden a nuestra situación, pues una respuesta convincente puede omitir una circunstancia que conocemos y que resulta decisiva.

Conservar el criterio propio implica participar en esa revisión y tener razones para aceptar una recomendación. Si utilizamos un texto para responder a otra persona, nos corresponde comprobar que expresa lo que queremos decir. Cuando la decisión tiene consecuencias para otros, necesitamos considerar qué podrían asumir ellos a partir de nuestra elección. La ayuda de una herramienta forma parte del proceso; la responsabilidad por actuar sigue vinculada a nosotros.

El Informe sobre el futuro del empleo 2025, también del Foro Económico Mundial, aporta una referencia a esta discusión. Entre los empleadores consultados, el pensamiento analítico ocupa un lugar central. El documento también señala la importancia del aprendizaje a lo largo de la vida y la creciente demanda de alfabetización tecnológica. Estas expectativas permiten pensar una formación en la que aprender a manejar las herramientas tecnológicas vaya acompañado de la capacidad de examinar lo que ofrecen.

Aprovechar esas posibilidades requiere condiciones que conviene hacer visibles. Un curso disponible en internet puede quedar fuera del alcance de quien comparte un teléfono con su familia o no puede pagar los datos necesarios. Para esa persona, la abundancia de contenidos resuelve apenas una parte de la dificultad. Preguntarnos por el valor educativo de la red incluye considerar quiénes pueden utilizarla y qué apoyos necesitan para hacerlo.

La misma atención merece la infraestructura que sostiene nuestros accesos. Cada servicio requiere equipos y energía. Detrás de su funcionamiento hay personas que mantienen los sistemas y recursos que se obtienen en territorios concretos. Si queremos valorar lo que la tecnología aporta al bienestar, también necesitamos conocer las condiciones en las que se produce y quiénes asumen sus costos.

La ética permite mantener juntas estas preguntas. Nos ayuda a examinar qué buscamos al conectarnos y cómo nuestras elecciones afectan a quienes participan de ese entorno. Las oportunidades del ciberespacio adquieren sentido en los usos que hacemos de ellas y en las condiciones que permiten compartir sus beneficios.

Quizá regresemos entonces a la pintura del comienzo. Al ampliar un detalle descubrimos una figura que había pasado inadvertida y sentimos el deseo de saber más. Podemos cerrar la ventana o dedicarle tiempo a esa curiosidad. Si seguimos la búsqueda, tal vez encontremos una historia que cambie nuestra manera de mirar. Un clic hizo posible el encuentro. La decisión de atenderlo empieza a darle un lugar en nuestra vida.

Textos citados

Foro Económico Mundial. Informe de riesgos globales 2026.

Foro Económico Mundial. Informe sobre el futuro del empleo 2025.

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